![]() ![]() |
||||||||
Cuentos de Hadas |
||||||||
TAM
LIN
El
sol doraba los claros silenciosos donde el
césped era tan mullido como una alfombra. Bajo
la sombra verde crecían exuberantes las rosas
silvestres y los largos tallos de las
campanillas blancas formaban un dosel sobre los
senderos.
Janet extendió la mano y cortó una rosa blanca para
prenderla en su cintura. Apenas había separado
la flor de la rama, apareció un joven frente a
ella en el
sendero.
-¿Cómo
te atreves a cortar las rosas de Carterhaugh y a pasar por
aquí sin mi permiso? -le
preguntó.
-No
quise hacer nada malo –se disculpó
ella.
-Mi
misión es proteger estos bosques y cuidar que
nadie perturbe su paz –dijo el
joven.
Luego
sonrió lentamente, como alguien que no ha
sonreído durante mucho tiempo, y cortó una rosa
roja que crecía junto a la rosa blanca que Janet tenía en la
mano.
-Sin
embargo, sería muy feliz si pudiera dar todas
las rosas de Carterhaugh a una dama tan
hermosa como
tú.
-¿Quién
eres, joven gentil? -preguntó Janet mientras tomaba la
rosa.
-Me
llamo Tam Lin –respondió el
joven.
-¡Oí
hablar de ti! Eres el caballero elfo –exclamó Janet y arrojó la rosa
con temor.
-No
temas, hermosa Janet –dijo Tam Lin-. Aunque me digan
caballero elfo, soy tan humano como
tú.
Y Janet escuchó
asombrada mientras Tam Lin relataba su
historia.
-Mi
padre y mi madre murieron cuando era muy pequeño
y mi abuelo, el conde de Roxburght, me llevó a vivir
con él. Un día, mientras cazábamos en estos
mismos bosques, comenzó a soplar un viento
extraño desde el norte, que secó todas las hojas
de los árboles. Sentí que me invadía un sueño
profundo y me fui alejando de mis compañeros
hasta que caí del caballo. Al despertar, estaba
en la tierra de las hadas. La Reina de los Elfos
me había raptado mientras
dormía.
Tam Lin hizo una pausa,
como si estuviera recordando esa tierra verde y
encantada.
-Desde
entonces –continuó-, estoy sujeto al hechizo de
la Reina de los Elfos. Durante el día cuido los
bosques de Carterhaugh y por la noche vuelvo a la tierra de las
hadas.¡Oh, Janet, cómo quisiera
regresar a la vida humana de la que me
arrancaron! Deseo con todo mi corazón verme
libre del
encantamiento.
Tam Lin hablaba con tanta
pena que Janet preguntó
conmovida:
-¿Y
no hay ninguna manera de
lograrlo?
Tam Lin tomó las manos de
la joven entre las
suyas.
-Esta
noche es Halloween, Janet –dijo-, la noche
entre todas las noches en que hay una
posibilidad de devolverme a la vida humana. En Halloween los seres
mágicos viajan a otra comarca y yo voy con
ellos.
-Dime
cómo puedo ayudarte –dijo Janet -. Lo haré de todo
corazón.
-Al
llegar la medianoche –le explicó Tam Lin-, debes ir a la
encrucijada y esperar allí hasta que pase la
caravana de los seres mágicos. Cuando veas
acercarse al primer grupo, no te muevas y
déjalos seguir su camino. Lo mismo harás con el
segundo grupo. Yo iré en el tercer grupo,
montado en un corcel blanco como la leche y
llevaré una corona de oro en la cabeza. Entonces
correrás hasta mí, Janet. Derríbame del caballo
y abrázame. No importa que hechizos lancen sobre
mí, abrázame fuerte y no me sueltes. De esa
manera podrás devolverme a este
mundo.
Esa
noche, poco antes de las doce, Janet corrió hacia la
encrucijada y se ocultó entre los arbustos
espinosos. La luz de la luna centelleaba en el
agua de los arroyos, la sombra de los arbustos
dibujaba figuras extrañas sobre la tierra y las
ramas de los árboles crujían aterradoramente
sobre su cabeza. El viento traía un leve sonido
de galope. Se acercaban los caballos
mágicos.
Janet sintió que un escalofrío le recorría la espalda
y se encogió en su capa mientras miraba
expectante en dirección al camino. Primero vio
el brillo de los arneses de plata, luego la
estrella blanca en la frente del caballo que
encabezaba el cortejo y pronto apareció ante su
vista un grupo de seres mágicos con caras
pálidas de rasgos afilados en los que se
reflejaba la luz de la luna y extraños bucles élficos que se
agitaban en el viento mientras
cabalgaban.
Mientras
pasaba el primer grupo, encabezado por la Reina
de los Elfos que montaba un corcel negro como la
noche, Janet se quedó
inmóvil y los miró alejarse. Tampoco se movió
cuando pasó el segundo grupo. Pero en el tercer
grupo distinguió el caballo blanco de Tam Lin y vio el brillo de la
corona de oro sobre su frente. Entonces salió de
la sombra de los arbustos, corrió a sujetar las
riendas del caballo, derribó a Tam Lin de la silla y lo rodeó
con sus brazos.
Inmediatamente
brotó un grito
espectral:
-¡Tam Lin se
escapa!
El
caballo negro de la Reina de los Elfos corcoveó
al sentir el tirón de la rienda para detenerlo.
La Reina se volvió y sus ojos hermosamente
inhumanos se detuvieron en Janet y Tam Lin.
Mientras Janet lo abrazaba con
todas sus fuerzas, la Reina lanzó un hechizo
sobre Tam Lin, quien se fue encogiendo
más y más hasta transformarse en una lagartija
escamosa. Janet la
mantuvo apretada contra su
pecho.
Luego
sintió que algo se deslizaba entre sus dedos y
la lagartija se transformó en una serpiente fría
y escurridiza que se le enroscó al cuello
mientras la sujetaba
firmemente.
Un
momento después, sintió un dolor ardiente en las
manos y la fría serpiente se transformó en una
barra de hierro al rojo. Lágrimas de dolor
corrían por sus mejillas, pero Janet siguió abrazando a Tam Lin con la decisión de
enfrentarse a lo que fuera para
salvarlo.
Por
fin, la Reina de los Elfos comprendió que había
perdido a Tam Lin para siempre por la
fuerza del amor de una mortal y le devolvió su
aspecto original. En brazos de Janet, Tam Lin era nuevamente un ser
humano. Janet lo
envolvió triunfalmente en su capa. Y mientras la
caravana reanudaba la marcha y una afilada mano
verdosa tomaba las riendas del caballo en que
había montado Tam Lin, se escuchó la voz
de la Reina de los Elfos en amargo
lamento:
-Hemos
perdido al más apuesto de todos los caballeros
de mi cortejo en manos de los mortales. ¡Adiós, Tam Lin! Si hubiera sabido que
una mortal sería capaz de arrancarte de mi lado
con su amor, te habría quitado el corazón humano
y puesto en su lugar un corazón de piedra. Y si
hubiera sabido que la hermosa Janet vendría a Carterhaugh, habría
transformado tus ojos grises en un par de ojos
de madera.
Mientras
la Reina hablaba, la pálida luz del amanecer
comenzó a iluminar la tierra. Con un grito
sobrenatural, los jinetes mágicos espolearon sus
caballos y se alejaron a toda velocidad. El
sonido de las campanillas de los arreos se
desvaneció en la
distancia.
Tam Lin besó con ternura
las doloridas manos llenas de quemaduras de Janet y juntos
regresaron al castillo de piedra
gris.
|
||||||||
Enviame tus cuentos a: |
||||||||